
Cuando la práctica experimental de FOA (basada en la docencia en la AA, el Berlage Institute y el haber trabajado con Koolhaas en OMA) choca con el mundo real (inversores, especuladores, usuarios), surgen estas reflexiones:
"Consultores avaros, managers que miden el trabajo en "horas-hombre" y “horas por dibujo", y miden a la gente en años de experiencia, representantes de clientes mediocres que desconfían de cualquiera de menos de cincuenta años, ingenieros inservibles que no pueden imaginar nada más allá de su regla de cálculo, arquitectos con “experiencia” que piensan que ya no necesitan aprender nada más, gente con un chip jerárquico en su cerebro... Desgraciadamente hay que aguantar algunas de estas estupideces porque a menudo el sistema no reconoce las cosas más obvias, como por ejemplo que las personas que realmente hacen el trabajo en los estudios son de menos de cuarenta, y la mayoría incluso menos de treinta. Y que son los únicos que lo pueden hacer, porque saben usar computadoras y tienen acceso a los medios técnicos que se han vuelto cruciales a los procesos de producción. Y porque trabajan haciendo un proceso de investigación, elaborando conocimientos a medida que producen el proyecto, en lugar de acumular “experiencia”. Sencillamente son más sensible a lo que está pasando, ya que el conocimiento importante ya no está ligado a la experiencia como antes.(...)
Quizás fue nuestra experiencia académica que nos afirmó el valor de mantener una estructura de equipo que también produce conocimiento, no sólo dibujos. Una de las cosas que aprendes de la enseñanza es que casi no hay límites a la capacidad de las personas para producir –conocimiento y cosas- mientras estén motivados."
Verb, Processing, pp. 16 y 17.
No creo que sea taaan así, pero Alejandro Zaera-Polo te hace pensar (una vez más).
